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La Montaña Palentina


Es una comarca geográficamente situada al Norte de Palencia (a unos 100km. de la capital) limitando al oeste con León, al norte con Cantabria y al este con Burgos. En ella se diferencian cuatro sectores:
                       
                        Fuentes Carrionas
                        La Pernía
                        La Braña
                        Campoo
  
El objetivo de las fichas de esta carpeta es dar a conocer los recursos de la comarca y sus alrededores para que cada viajero  trace sus  propias rutas en función de sus intereses.
 
·        CULTURALES:                 Románico, rupestre, romano, museos.
·        NATURALES:                   Espacios naturales de mayor interés.
·        DEPORTIVOS:                 Turismo activo y aventura.
·      PAISAJÍSTICOS:               Fuentes Carrionas, El Brezo, Picos de Europa...
·        TURÍSTICOS:                   Gastronomía, fiestas y tradiciones.
 
 
Hace más de cuatrocientos años, botánicos y científicos con espíritu aventurero se enamoraron de este espacio. Valles umbrosos y extensos, poblados de árboles venerables -robles, hayas, sabinas, quejigos- embalses, ríos de agua clara, prados anchurosos donde pastan vacas y caballos en plena  libertad...
 
Nunca estas tierras han dejado de tener adeptos en busca de placeres de altura. Hoy, dentro de la marea social del turismo, arriban a estos puertos en cualquiera de las modalidades posibles: en grupos numerosos transportados en autobús, en viajes familiares, en tribus ecológicas que huyen del espesor de las ciudades. Atraviesan los grandes fielatos de entrada -Guardo, Cervera, Aguilar- y el viajero se capilariza por las mil y una oportunidades de visita, senderismo, degustación, arte y encuentro con la gente y las costumbres.
 
La Montaña Palentina, a cuyos alrededores la primavera otorga cada año una manifestación de narcisos (conocidos en la comarca como "lirones"), esconde, en los espesores de sus montes, venados, corzos, rebecos y jabalíes junto a especies protegidas como el urogallo, el lobo y el oso pardo. Pero la guinda, para muchos, es la flota dispersa de truchas asalmonadas que se desliza por los ríos delgados y transparentes de su paisaje.
 
La Montaña Palentina es un espacio natural protegido que cuenta con los estándares de calidad dictados y reconocidos por la Q de calidad turística Española y la carta Europea de Turismo sostenible
 
 
 
Fuentes Carrionas
 
 
El Carrión bautiza con nombre y agua este insólito espacio donde se yerguen los más altos picos de toda la Montaña Palentina: El Curavacas (2.525 m.), El Espigüete (2.450 m.) y Las Lomas (2.451m.). Nace en la Laguna de Fuentes Carrionas y mientras discurre por el paisaje crea dos anchos y acreditados embalses: El de Compuerto y el de Camporredondo, inaugurado por Alfonso XII, en 1916, y que ostenta el título de más antiguo de España.
 
            Fuentes Carrionas es un apogeo de aguas. Abundan en la zona alta pozos y lagunas de origen glaciar de cuyos fondos, con los años, ha brotado un conjunto de leyendas y tradiciones. Los pueblos se han asentado aquí, en el corazón de valles fluviales o en laderas, con recintos ricos en manantiales y fuentes.
 
            Guardo hace de bastión en este peculiar territorio. El río Carrión cruza la villa como una arteria, dibujando un generoso valle para el asentamiento humano. En tiempos debió  ser un espacio codiciado por la riqueza de sus bosques de roble y haya, por los excelentes pastos de su suelo y por la calidad y cantidad en caza y pesca.
 
            Próximo a nuestros días, el descubrimiento y la explotación del carbón de su subsuelo, le confirieron  un intenso magnetismo que atrajo a una abigarrada emigración  (Asturias, Andalucía, Extremadura...) Hoy mantiene el protagonismo de cabecera de comarca, centro comercial y foco de propuestas culturales y de ocio sobre una amplia área de influencia.
 
             Desde el centro de la Villa pueden trazarse un puñado de atractivas rutas para visitar. El Monte de Corcos, con uno de los bosques de roble más señero de la zona, el Valle de San Quirce o el Alto de Torales, para cuyo ascenso pueden elegirse senderos a pie o bicicleta. El río Carrión surca los municipios del sur de Guardo, desciende radiante en este tramo otorgando al paisaje una extraña belleza, a la vez que brinda una gran oportunidad para la pesca. El verdor rodea en  Mantinos  las cuidadas viviendas del pueblo y su hermosa iglesia.  Villalba de Guardo conserva una mansión blasonada y espléndidas vistas sobre el valle.  Fresno del Río nos regala con sus frondosas y delicadas riberas. En todo este paraje hay una insólita concentración de nidos de cigüeñas.
 
            En un radio más amplio, en Velilla del Río Carrión, hay que detenerse a contemplar la Fuente de la Reana, con una antigüedad de más de dos mil años. Sobre la lámina rectangular del estanque se alza un gallardo arco romano de sillar. Dos acueductos (El Camino de los Moros y el Griego) conservan aún algunos de los túneles excavados en roca viva. Existe también un milagro de la arquitectura barroca, la Casa del tío Manteón, con fachada de sillería, de la que brotan tres soberbios escudos. Hay que seguir hacia  Otero de Guardo,  encaramado en un paraje privilegiado, con el embalse a sus pies y envuelto en  un microclima que tolera en su  suelo árboles frutales. Hay un hayedo legendario.  Fuentes Carrionas es un rosario de pueblos y con ellos un rosario de leyendas, de rincones, de vestigios ancestrales: los dos Cardaños, Camporredondo, Alba, La Lastra, Rebanal de las Llantas, Resoba, San Martín de los Herreros, Santibáñez de Resoba, Triollo, Ventanilla.
 
            LA PEÑA es algo así como una denominación de origen. Marca territorio en el peculiar espacio de la Sierra del Brezo. En sus alrededores los pueblos de entidad llevan su apellido:  Santibáñez de la Peña, cuyas ruinas medievales del monasterio de San Román evocan el poderío sociorreligioso de aquel tiempo. Hay ofertas muy atractivas: el Manantial de Villafría, los páramos del Cornón de la Peña, las lagunas naturales de  Respenda de la Peña, La Cuevona,  Villanueva de Arriba. En  Castrejón de la Peña, la iglesia parroquial de Santa Águeda es del siglo XVI. El pueblo se abre en un abanico de paisajes: Barranco de Santa Eulalia, Desfiladero de los Valles, Peña Redonda, Valle de Boedo, Río Las Cuevas, Castro de las Perdices. Villanueva de la Peña exhibe su campanario de vecería. Pisón de Castrejón, con la admirable espadaña y el friso gótico de su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y un breve esplendor de capiteles y canecillos.  Por último, Traspeña de la Peña, redundancia donde las haya, es una muestra extraordinaria del gótico en su iglesia parroquial y en la Cruz del Término, aparte de la soberbia presencia de  "La Casona"  con la fachada principal de piedra de sillería, ornamentada con un blasón. Recueva de la Peña y Loma de Castrejón dan motivo para visitar sus templos y sus hermosos alrededores. Dehesa de Montejo posee un legendario bosque de tejos en el Valle de Tosande.
           


 
La Pernia
 
 
                    Frontera entre los cántabros y los habitantes de la Meseta, conserva huellas de  un pasado de transacciones comerciales e intercambio de culturas, artesanías y modos de vida. Constituye el centro de la Montaña Palentina, y una de las principales alturas de esta geografía lleva el significativo nombre de Tres Mares. Las otras son Peña Labra, Horca de Lores y Carazo.
 
                    El Pisuerga es el río hegemónico de aquí. Nace, en realidad, en Sel de la Fuente, pero un primer tramo de su curso es clandestino hasta salir resueltamente a luz en la Cueva del Cobre (nacimiento oficial en los libros de texto). Da nombre a pueblos, fertiliza valles y campos, presta sus lomos al descenso de piraguas y, junto a un afluente suyo que tiene estatura de río  -el Rivera-, alimenta dos embalses: el de Ruesga y el de Requejada, con colonias de fauna fluvial y aves migratorias. Hay dos valles legendarios: Los Redondos y Castillería, que son antologías de paisaje y arquitectura (casas con corral, cobertizo, cuadras y hornera). Sumergirse en ellos con detención regala una experiencia que tiene mucho de magia. El río Pisuerga impuso la mitad del nombre a un pueblo llamado antiguamente "Cervaria" (quizás por la abundancia de ciervos en sus bosques). Es hoy  Cervera de Pisuerga, y hace de puerta de entrada en esta admirable cartografía. Bañada por dos ríos, una curiosa estadística atribuye a Cervera más de dos mil horas de sol al año. Todo  un yacimiento de luz.
 
                    Cervera de Pisuerga situado en el centro de la comarca, cuenta con dos de los recursos mas importantes del espacio natural de la Montaña Palentina:
 
§  La casa del parque
§  El parque de aventuras El robledal del oso.
 
                    Soberbios blasones en casas de sillares hablan del pasado señorial. En el siglo IX la repoblación fue llevada a cabo por los monjes lebaniegos. Durante cientos de años fue señorío de los Condes de Siruela, y una estela de hidalgos ejerció el peso de su influencia sobre la vida económica y social del pueblo.  En Cervera se ha configurado desde antiguo un intenso nudo de comunicaciones. Por sus vías han transitado romeros, peregrinos, pastores trashumantes. Pero, sobre todo, han sido arterias comerciales. Esta marea de idas y venidas, de transacciones con gentes diversas, ha conformado un talante respetuoso y abierto. Ambas cosas, la vocación de encrucijada y el estilo liberal y hospitalario, se conservan en nuestros días. Es obligatorio ver en Cervera la Casa de los Leones, la del mentado Conde de Siruela y la Casa Palacio de Gutiérrez de Mier.
 
                    La Plaza Mayor, porticada y sobria, exhibe columnas de piedra y capiteles de los siglos XVI y XVII. La iglesia de Santa María del Castillo, apostada sobre el enorme cuerpo de una roca guarda en su interior una sorpresa de Juan de Flandes: la maravillosa tabla de la Adoración de los Reyes. Dentro de un gran bloque de piedra, eremitas venidos del sur excavaron pacientemente un templo en busca de soledad y meditación: es la ermita de San Vicente, o popularmente llamada la "Cueva de los moros". Su contrapunto es otra ermita, la de la Cruz, del siglo XVIII, que dio  cobijo a la piedad de las familias poderosas. Su esbelta espadaña de tres cuerpos, rematada en un frontón, es pura elocuencia de lo que decimos. El embalse de Ruesga hace el papel de un gran espejo delante del Parador Nacional y con el conjunto de la geografía cercana, conforma un paisaje que parece hecho de encargo para recrear la vista.
 
                    El roble milenario en el Monte Estalaya es rigurosamente un bien patrimonial. Se le denomina familiarmente "el abuelo" y luce un perímetro de aproximadamente once metros. Al pie de Peña Tremaya, surge  San Salvador de Cantamuda. La leyenda atribuye el nombre a la criada sorda y muda que prorrumpió en gritos cuando, acompañando a su señora Doña Elvira - atada sobre una mula y expulsada del castillo por el Conde Munio Gómez- estuvo a punto de precipitarse sobre el Pisuerga. La colegiata fundada por Doña Elvira constituye una de las muestras soberanas del románico. De influencia asturiana, el pórtico, la mesa del altar con columnas, el conjunto de capiteles decorados y, en fin, la airosa espadaña de tres cuerpos son sencillamente emocionantes. Un reguero de pueblos pintorescos se extiende por el valle.
 
                    Piedrasluengas (frontera entre Castilla y León y Cantabria), Camasobres y Casavegas, abren ruta al valle de Liébana a través del Camino Real entre Cervera y Potes. Lores, cuyos blasones recuerdan las intrigas entre señoríos civiles y eclesiásticos. Los Llazos, San Juan y Santa María de Redondo, Lebanza con su majestuosa abadía, en el interior de un valle de gran belleza, una especie de " Vaticano"  de la Pernía.  Polentinos, de caserío alargado.  Estalaya,  admirable paisaje de bosques y vallejos de buen pasto. Celada de Roblecedo, casonas con cubierta de doble vertiente de aire montañés. San Felices de Castilleria y Herreruela, incomparables muestras de arquitectura y hábitat popular. Rabanal de los Caballeros, Valsadornín, Vallespinoso de Cervera, Vergaño, con su ermita de la Virgen del Llanillo, y Ruesga no agotan todavía el brillante inventario de sorpresas. Salinas de Pisuerga, en la ruta entre Aguilar y Cervera, es casi como un microclima, cálido y suave; tiene una muestra ejemplar del gótico en su iglesia y una venerada ermita románica, la de Quintanahernando .  
                   
                    San Cebrian de Muda nexo de unión entre La Pernía y La Braña se encuentra la Reserva del Bisonte Europeo.

 
         La Braña
 
                    Valdecebollas (2.136 m.), El Cueto (2.083 m.), El Sestil (2.060 m.), son las crestas más notables del farallón de la Sierra que hace de frontera con Cantabria y protege al valle de los severos fríos del norte. Desde esas altitudes se despliega el valle espacioso y entrañable de Santullán, evocación de un oscuro lugar llamado San Julián que derivó posteriormente en ermita dedicada al santo.
 
                    Barruelo de Santullan, Según el Diccionario Madoz,  a finales del siglo pasado y principios de éste, era un reducto con una población que no llegaba a la docena de familias. Ninguno de aquellos aldeanos suponía que, bajo el suelo que pisaban, unas poderosas vetas de carbón transformarían aquel terruño accidentado, en la década de los cincuenta, en uno de los nucleos más activos, ricos y nerviosos de la provincia. La geografía de cuestas y estrecheces se vió, de pronto, colmada de viviendas que se apiñaron hasta la congestión con una población cercana, en los momentos de esplendor, a los nueve mil habitantes. La crisis del carbón puso freno a este admirable empuje. Asistimos hoy a un "revival" a través de nuevas iniciativas de turismo y servicios como son:
                   
§  El museo minero
§  El parque Ferroviario
 
                    Brañosera es un pueblo que exhibe con orgullo poco disimulado su condición de primer Ayuntamiento de España. Fue en el año 824 cuando el conde Munio Núñez concedió a los pobladores el célebre Primer Fuero o Carta Puebla, que permitía cobrar impuestos y administrar posesiones. Brañosera tiene una rica tradición cantera que ha hecho surgir un espléndido conjunto de casas de admirable factura, con ciertas muestras significativas de heráldica. Rodeada de bosques amplios y generosos, desde cualquier mirador puede disfrutarse de una panorámica de gran belleza. Tiene una entrañable iglesia románica que guarda en su interior una valiosa pila bautismal con decoración de motivos vegetales y geométricos.
 
                    En el valle aún pueden pisarse hoy, tramos enlosados de la calzada romana que discurre por,  Nestar, Salcedilloy Somahoz.
 
                    Atrapado en el linde con Cantabria,  Salcedillo es un  recoleto pueblo de estampa rigurosamente montañesa. Una iglesia del románico arcaico y un puñado de casas de sillares, logran una instantánea de intensa calidad. En el descenso hacia el sur, el pasajero se verá sobrecogido por el bosque de La Pedrosa, un imponente robledal por donde el río Rubagón se ha ido abriendo paso.  A lo largo  y a lo ancho del valle,  un repertorio de pueblos mantiene con vigor una de las muestras legendarias de lo que ya es conocido universalmente como el Románico Palentino. Revilla de Santullán (portada, simetría del conjunto, canecillos, restos de pinturas murales), Villanueva de la Torre (magnífica iglesia e imponente torreón, ambos del XII).  Cillamayor, Villavega, Bustillo, Verbios, son muestras representativas del románico rural. Valberzoso, rodeado por una corona de bosques y praderíos. Ya lo hemos dicho al principio, eI Valle de Santullán, de trazos suaves y de una envidiable variedad de cromatismos y texturas, tiene  en sus lomas pueblos recogidos  que hacen de miradores naturales:  Villabellaco, Valle de Santullán, Matabuena, con una excelsa muestra de románico en su iglesia parroquial. Monasterio y Mudá, con el mirador de la Virgen de la Peña, su recurrida oportunidad para el senderismo y paseos a caballo, cuyos aires aparecen surcados con frecuencia por aves rapaces. Nava de Santullán y Santa María de Nava, con algunas admirables casas con torres y blasones.  Orbó,  engarzado en la falda deI Cocoto, Vallejo de Orbó, que conserva el encanto de un pueblo colonial modélico.
 

 
Campoo
 
        Es la zona más baja de la Montaña Palentina. Tiene como centrodegravedad  Aguilar de Campoo. Presenta una geografía de transición entre las cumbres cántabras y la planicie de Tierra de Campos. Empiezan a imponerse aquí las abiertas superficies agrarias en contraste con el paisaje ganadero de arriba. A pesar -o tal vez a causa- de esto, exhibe una riqueza orográfica, fluvial y de configuración de terrenos y paisajes capaz de deslumbrar a los que se sumergen en él. Las  Tuerces y el Cañón de la Horadada, Covalagua y el Mirador de Valcabado, o pueblos como Gama, Villanueva de Henares, Mave, Revilla de Pomar, son tan sólo botones de muestra de un espléndido inventario de vistas y de visitas. Aguilar, con espesor histórico y artístico sin parangón en toda esta cartografía, ha creado un amplio radio de influencia en estilos de construcción, en vestigios de arte y en modelos administrativos. En su contorno físico saltan a la vista varios puntos de referencia: el Castillo, de cinco torreones, encaramado en un alto que lo hacía inexpugnable, los restos de la muralla, con seis admirables puertas (de Reinosa, de La Tobalina, del Paseo Real, del Portazgo,  de La Cascajera y de  San Roque). La presencia de casonas y palacios con una profusión infrecuente de heráldica, acreditan una historia de intensa gestión política.
 
        El recuperado Monasterio de Santa María la Real (Premio “Europa Nostra”) es como una antología de los momentos de historia y de arte más estelares de Aguilar. Pero también la Colegiata de San Miguel, obra final de  dos épocas y varios  estilos (visigótico, románico y gótico), a la que se añade como remate de lujo una espléndida torre herreriana. Y la pureza también románica de la torre de Santa Cecilia. Sin olvidar el armonioso conjunto del monasterio de Santa Clara, donde las monjas clarisas, entre rezos y meditaciones, elaboran una exquisita repostería. Deambulando por las calles del núcleo más genuino de la villa, hay que detenerse ante casas de un inusitado esplendor constructivo. El Palacio de los Manrique, Marqueses de Aguilar, la casa de los VII Linajes, la casa de Marcos Gutiérrez o la de los Velarde.
 
        De un modo u otro, todos estos caminos se abren o desembocan en la Plaza Mayor, de generosos soportales, presidida por la Colegiata y ornamentada en uno de sus tramos por un lienzo corrido de galería y cristal verdaderamente espléndido. Comercios, bares, oficinas bancarias y entidades de servicios se han posicionado apretadamente en su perímetro, convirtiéndola en un foco de intensa concurrencia. El embalse -dotado con magníficas instalaciones y servicios- es otro punto de atracción hacia el que convergen en el buen tiempo excursionistas, amantes de la playa y aficionados a los deportes náuticos. Partiendo de Aguilar, como si la geografía se hubiera planteado una dura competencia con la historia, surgen muestras notables. Así Las Tuerces, con el Cañón de la Horadada, Espacio Natural que constituye un ejemplo cárstico de increíble belleza. Entre Pomar de Valdivia y Gama, en las inmediaciones de Mave, el Pisuerga desciende a profundidades casi de vértigo, entre farallones de pliegues rocosos y cuevas de formas que evocan el reino de lo fantástico. En el espacio natural de Covalagua, en el término municipal de Pomar de Valdivia, y en el páramo de La Lora, el agua se ha entretenido, a lo largo de miles de años, en una caprichosa tarea de esculpido, saltando frecuentemente al exterior en pequeñas cascadas. La Cueva de Los Franceses es uno de sus frutos. Se llama así porque fue enterramiento natural de los soldados galos durante la Guerra de la Independencia. En sus entrañas, de los mantos calcáreos, ha surgido un mágico paisaje de estalagmitas y estalactitas que puede recorrerse por un itinerario de más de quinientos metros. Hay otras singularidades, como el menhir megalítico, el “Canto Hito”, el asentamiento de una ciudad del prerromano pueblo cántabro en el Monte Bernorio, el Pozo de los Lobos, o el mencionado mirador de Valcabado, que se  abre a una impresionante vista sobre el valle de Valderredible. Berzosilla hace de enclave del Ebro en el territorio palentino.  En el Peñón se conserva algún vestigio (aljibe) que atestigua su papel de defensa en las tensiones entre los árabes y los hispano-cristianos. El abrigo natural de La Calderona o Cueva Mora guarda  unos paneles grabados  de la Edad del Bronce. No podemos dejar pasar por alto la variedad de eremitorios rupestres salpicando todo el territorio, destacando el de Olleros de Pisuerga por su gran belleza artística y geológica.
 
        Tantas rutas, pues, como gustos o aficiones pueden programarse en cualquiera de las direcciones de la brújula. Un interminable recuento de entrañables pueblos, con alguna peculiaridad o encanto que obligan a detenerse, nos saldrán al paso con hospitalidad. Es imposible citar a todos. A modo de ejemplo: Vallespinoso de Aguilar (iglesia románica con torre defensiva), Barrio de San Pedro (iglesia de San Andrés), Barrio de Sta. María (ermita románica de Sta. Olalla), Cabria, con un privilegiado enclave sobre el altozano, Canduela, Báscones, Villaescusa, Villanueva de Henares...